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 Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}

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Dante
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MensajeTema: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Jue Ene 27, 2011 12:28 pm

Hotel Qat; 08:55 a.m.
Salió de la habitación a paso firme, abrochándose los botones de los puños de la camisa mientras contemplaba a un mozo del hotel empujar un carrito con desayuno al final del pasillo. Era realmente hermoso, hermoso y realista. Admiró las pulcras paredes del hotel, pintadas de cálidas tonalidades crema. Cuando sus dedos hicieron suficientes virguerías como para abotonarse los puños de la camisa, sacudió los hombros para que la camisa se acomodara de un modo natural. La calma reinaba esa radiante mañana, mañana que muchos habían aprovechado para apagar sus despertadores y dormir en las lujosas habitaciones del Hotel Qat. Él, habiéndose desperezado temprano para no enfrentarse al llanto de una fémina que creyó lo que su sonrisa de anuncio prometía. Inocentes, estúpidas, deliciosas todas ellas. Sacudió la cabeza, espantando todo rastro de remordimiento que pudiera habitar entre esas cortas ondulaciones doradas. Sorbió por la nariz distraídamente y se separó de la puerta para hacer desaparecer la pequeña apertura que dejaba colar un rayo de luz en el suelo de la oscura habitación. Se había asegurado de que la dama bebiera lo suficiente como para no despertarse al menos hasta las once. Genial, de hecho, la habitación estaba pagada hasta las doce, tendría una hora para admitir su derrota, llorar su desencanto y autocompadecerse si no se ahogaba antes entre pañuelos de papel.

Con la corbata colgando a ambos lados de su ancho cuello, por debajo de las solapas del cuello de la camisa, cruzó lentamente el pasillo hasta detenerse delante de los portones del ascensor. Presionó el botón con una flecha que señalaba el infierno y esperó, alzando el mentón para admirar el indicador electrónico que retransmitía, cual mudo locutor de un partido de fútbol, la trayectoria de la caja de metal. Las puertas se abrieron y él entró, parándose al lado de una mujer negra de proporciones exageradas, con ropa de trabajo y un carrito con bollos y café. - Buenos días. - Dijo de modo autómata, luciendo ya su bonita sonrisa de anuncio. Alcanzó a presionar el botón de la planta baja, inclinándose sobre el carrito y sujetándose la corbata para que no rozara el desayuno de alguien. Los pequeños altavoces cantaban, atrapando en su interior voces que le sonaban de su otra realidad. Movió el cuello lentamente, al son de la voz de Phil Collins en Dance into the light, mientras se ataba bien la corbata, anudándosela con cierto encanto que la empleada no pasó por alto. Correspondieron un par de sonrisas cómplices y las puertas se abrieron. No era su planta baja, pero era el segundo piso, destinación de la mujer de piel tostada. La despidió con un guiño y ella le tendió con cierto nerviosismo uno de los bollos. Él se lo llevó a la boca. Todo parecía de anuncio.

Una vez más, todo le estaba saliendo a la perfección.


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Niké
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Jue Ene 27, 2011 12:49 pm

"Educado, trabajador, responsable" - Feo - concluyó ella rompiendo aquella solicitud de trabajo en mil pedazos al ver la foto del muchacho que no contaría con más de viente años. "Cordial, simpática, sonriente" - Puta - dijo esta vez mientras hacía lo mismo que con el anterior. La respuesta era sí a la pregunta ¿Es que Niké se había pasado así toda la mañana? Le había tocado, como de costumbre, revisarse las nuevas solicitudes y había decidido, como siempre, denegarlas todas y cada una de ellas con opiniones puramente subjetivas que no llevaban a ningún lado. ¿Alguien se atrevía a llevarle la contraria? No, y si lo hacían ella se encargaba de demostrar que era la única que tenía razón en todo el asunto. Rodó los ojos unos instantes y acabó por destrozar todas y cada una de las hojas que ser perdían por su mesa, no se lo pensó un instante ¿Para que entretenerse si las eliminaría de igual manera? Perdida de tiempo, Niké no perdía el tiempo. Se levantó al tiempo que colocaba su camisa blanca levemente desabotonada de forma correcta dentro de aquella falda de tubo que quería resaltar su figura y provocar miradas lujuriosas por allí por donde pasaba, miradas que quizá amenazaban con realzar su poder, su fortuna. Se detuvo frente a la puerta unos instantes para poner un mechón rebelde tras su oreja y salió de aquel despacho tras sentirse satisfecha con su aspecto.

Sus pasos resonaban por todo el pasillo mientras era ella la que decía con eso mismo que estaba por allí. Solían respetarla, todos la respetaban, incluso más que a la mismísima dueña. Niké había demostrado en más de una ocasión que no se frenaba ante nada y ante nadie, que no tenía corazón según muchos decían. Era importante trabajar y callar cuando andaba cerca, siempre temían que se pasase las mañanas dando vueltas por la recepción, pero aquello se había convertido en una manía. Tenía que ver quien entraba y quien salia, debía tener controlados a todos y cada uno de los huéspedes de su hotel. Caminó más rápido al oír al ascensor llegar acelerando su paso para divisar a una de sus empleadas viendo como la puerta se cerraba con cara de idiota. ¿Pero qué coño...? dejó escapar un gruñido que llamó la atención de la mujer y que la hizo tragar saliva con dificultad y mirar a Niké digamos que asustada. Esta, alargó sus dedos para presionar de nuevo el botón y así el ascensor no se atreviese a cerrarse. Fue entonces cuando la rubia fulminó con la mirada a su empleada y se adentró en el ascensor cual felino, rebosante de elegancia y rapidez. Se colocó bien la falda y reparó sin querer en el hombre a su lado, sólo mirándole de reojo, sólo de reojo.
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Dante
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Jue Ene 27, 2011 1:08 pm

Con el bollo atrapado entre sus siempre blancos dientes, siguió moviendo la cabeza con cierto disimulo. Si la música fuera mujer, probablemente sería la única que podría vencerlo, dominarlo y mangonearlo cual títere de feria. Pero, como no lo era, Dante seguía siendo el rey. Bajó la mirada cuando el borde de los puños de las mangas descendió, demostrando que le iba algo larga. Frunció el ceño y se arremangó con lentitud y precisión, haciendo que la camisa se arrugara a la altura del codo como si fuera un muelle apretado con demasiada fuerza. Carraspeó y se sacó el bollo de la boca, reteniendo en el interior una porción del mismo para poder empezar a masticar, tratando de saciar su voraz hambre mañanera. Las puertas empezaron a cerrarse cuando la regordeta mujer de color desapareció tras la misma, fielmente acompañada por el sonido vibrante y cargante del carrito de comida. Cuando ya pensaba poder refugiarse en su intimidad, las puertas hicieron amago de cerrarse del todo pero volvieron a abrirse de par en par para dejar entrar en el cubículo metálico una estela dorada que bien podría haber sido una estrella fugaz. Él no fue consciente de lo que acababa de ocurrir hasta que la fémina se volteó sobre sí misma para quedar mirando en dirección a la puerta, gesto con el que casi rebana la cabeza del varón. Su dorada cabellera resplandecía con luz propia y el olor de su perfume no tardó en inundar la escena.

¿Qué hombre en su sano juicio no habría dejado, valiéndose de que el espejo se hallaba a espaldas de ambos y no podría ser descubierto, que su mirada cayera casualmente hasta los poderosos cuartos traseros de esa mujer enfundada en falda de tubo y ceñida camisa? Probablemente ninguno, ya especifiqué que tenía que estar en su sano juicio. Entreabrió los labios para decir algo, pero una repentina sensación de familiaridad lo obligó a callar. No era bueno recordando nombres, como tampoco fechas, pero en cuanto a olores de mujeres, era todo un sabueso. ¿De qué diablos podía conocer a esa mujer? Claro que no había un perfume por fémina en el mundo, y podía errar. Frunció el ceño, masticando en silencio mientras le daba vueltas al asunto. En estas que el ascensor ya había cerrado las puertas y empezado a descender que cayó en la cuenta. ¿Era la del tatuaje de las tres estrellas en el antebrazo, a la altura del hombro más bien? Ladeó la cabeza y acabó de deborar el bollo, ensimismado. ¿Cómo averiguar si se trataba de ella o no? Los engranajes de su mente se movieron a altas velocidades, maquinando el modo de cruzar cuatro palabras rebeladoras. - Perdone, ¿tiene hora? - Fantástico. Con la desarrollada mente que tenía no se le había ocurrido decir nada más elocuente. De todos modos, pese a su mediocridad, con una sola nota de su voz podría afirmar sus sospechas y desmentir su confusión. ¿Cómo se llamaba?


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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Jue Ene 27, 2011 1:27 pm

Había entrado en aquel ascensor de forma magistral, de forma elegante. La torpeza nunca había sido un defecto, y creedme, tiene miles de ellos. Se llevó los dedos al cuello de la blanca camisa para colocarlo al darse cuenta de que se había movido ligeramente y más tarde, justo antes de ver como aquellas metálicas puertas se cerraban haciendo que el ascensor bajara se peinó con los dedos completamente rígida, dura. Su cuerpo estaba completamente en tensión, nunca le había gustado encontrarse en un ascensor tan pequeño con un hombre tan... con un hombre. Mentía, le encantaba. Una sonrisa ladeada y más bien mezquina se atrevió a dibujarse en su rostro mientras sus ojos examinaban al apuesto varón a su lado. ¿Por qué le era familiar? En realidad ya ni le sorprendía, conocía a demasiada gente. Se dedicó a dar suaves golpecitos con el pie señal de pura impaciencia y se dedicó a mirarse las uñas durante unos instantes de forma distraída, intentando darle a entender a aquel hombre que su presencia poco la intimidaba. Mentira gritaba su cabeza, pero ella hacía caso omiso ¿Debía preocuparse? Sí, pero ella aún no lo sabía.

Fue entonces cuando aquella voz penetrante y varonil se adentró en sus oídos chafando la música por completo, pisoteándola y dejándola completamente derrotada. Vaya, que voz más porno, se dijo en su cabeza mientras una sonrisa traviesa se asomaba por sus labios, más había sido su voz la que había despertado sus sospechas de nuevo ¿De verdad no le había visto antes? Demasiado familiar, y demasiados hombres en su vida. Se atragantó al recordar, o por lo menos hacer algo parecido. ¿Se acostó con él? ¿Porque ella quería? ¿¡No!? ¿Entonces, iba borracha? ¿¡Tampoco!? ¿Se acostó con él porque a él le apetecía? La respuesta era sí, y sólo a es pregunta. Alzó su vista hacia él ocultando como podía la alarma en sus ojos unos instantes, así, relajándose al clavar sus zafiros en él. ¿La hora? al rato y con muchos esfuerzo había conseguido descifrar lo que la varonil voz quería saber al presentarse frente a ella. - Son las nueve de la mañana - dijo ella esta vez, de forma elegante, rápida y cordial mientras se toqueteaba la cintura de aquella falda. ¿Nerviosa? Sí.
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Jue Ene 27, 2011 2:03 pm

Siguió mirando a la mujer de reojo, con cierto escepticismo propio de alguien analítico e incrédulo. Parpadeó con lentitud y sintió ese par de ojos puestos en él de modo interrogante. Él cerró la boca y pasó la lengua por los dientes, borrando todo rastro del asesinato del bollo. Arqueó una ceja cuando ella tardó en responder y se lo quedó mirado como si tuviera algo anormal en la cara. ¿No se había entendido la pregunta? ¿O tal vez era sorda de un oído? Puso una mueca ligeramente confusa y se dispuso a repetir la pregunta cuando ella escondió de nuevo la mirada y se tironeó de la falda en ademanes nerviosos mientras le respondía una hora que él ya sabía. - Las nueve, gracias. -Asintió con los labios sellados, formando una fina línea como la del horizonte. Suspiró y juntó las manos delante de la hebilla del cinturón, hinchando la caja torácica y deshinchándola a un ritmo pausado, acompañando la música. Música que ahora sonaba más comercial que la anterior a medida que la iba escupiendo los altavoces del pequeño ascensor. Ella toqueteó el suelo con la punta del zapato. ¿Tendría prisa? Si sólo era un juego, por mucho que a menudo se olvidara. ¿Desde cuándo la gente había empezado a confundirlo con la realidad? Se mordisqueó distraídamente el labio inferior, pensativo. Sus ojos se movían de un lado para otro, como si hablara consigo mismo.

El silencio se hacía cada vez más insoportable para alguien como él, acostumbrado a sacar conversación y sonrojo incluso a las piedras. Carraspeó de nuevo al oír el ting que indicaba que ya se hallaban en la Planta Baja. Ensanchó su sonrisa, separando los labios para dejar entrever una vez más esos grandes dientes perfectos. Las puertas se abrieron a una velocidad lenta, ideal para que los que esperaban al otro lado admiraran con cierta envídia la perfecta pareja de rubios que se disponía a salir. El hecho que se apartaran de la puerta, como aguas del mar muerto al llegar Moisés, lo hizo crecerse, por lo que adelantó a la rubia y salió antes que ella. Sus pisadas volvían a ser firmes y seguras. Cuando ya había cruzado medio salón, procurando con certeza no mirar atrás, un rasquício de compasión floreció en su corazón. Detuvo su andar y se encaminó dirección la mesa del recepcionista, sacando del bolsillo trasero de su ceñido tejano, una caretera marrón, engordada a base de billetes grandes. Dejar a una desolada mujer en la habitación, pase, pero dejar que pague ella, era algo deplorable hasta para él. El muchacho de recepción captó el toque de atención del varón y se apresuró a preparar la cuenta, revisando el ordenador. Apoyó el codo en la mesa y hundió la mano en el bolsillo para ladear el cuerpo, en busca de esa rubia potente.

Vamos, pica el anzuelo, sígueme, ven a mí.



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Niké
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Jue Ene 27, 2011 5:35 pm

Alzo su cabeza y tensó su espalda, completamente recta. La mirada se perdía en aquella puerta de metal que deseaba que la dejase escapar cuanto antes. Dejemos lo claro, esto último es una vil mentira. Su mente sopesaba todas las opciones allí presentes y la más coherente era volver a lo suyo y dejar que se marchase, era un cliente más por mucho que su mente se empeñase en pensar lo contrario, desaparecería, como todos los demás y dejaría de pensar estupideces propias de ella. Rodó los ojos molesta ¿Le molestaba? Él la molestaba, y es que los escasos treinta segundos que llevaba allí encerrada la había acalorad pues era la gota de sudor que descendía cuello abajo la que conseguía delatarla. ¿Y qué? Y nada, a ella le daba igual. Una gota de sudor resbalando por el cuello de una mujer es adictivamente sexy, sentenció en su cabeza con una sonrisa que podría ser fácilmente tachada de perversa. Sus ojos volvieron a posarse en el rubio mientras se mordía el labio inferior y seguía, de reojo, clavando sus zafiros en él. ¿Y ahora qué? Ahora nada, muñeca. Nunca le había incomodado el silencio, en aquella ocasión... maldita sea, sí. Se enfadaba con ella misma, se empezaba a odiar de una forma sobrehumana ¿Su culpa? Claro que no, la culpa era de él, siempre de él, de ellos, de todos los demás.

Fue cuando el ascensor se detuvo, cuando las puertas parecían estar empeñadas en hacerla permanecer allí más tiempo, cuando todos les miraron, cuando la recepción entera espero expectante, fue segundos más tarde que aquel hombre atractivamente felino escapó de la cárcel de metal cual gacela, cuando ella pudo verle mientras sus pasos seguían impasibles y elegantes tras la figura de aquel hombre que levantaba pasiones y que se había atrevido a ser el foco de las miradas desde que había salido de aquel ascensor. Sus ojos descendieron por su cuerpo hasta posarse con descaro en el trasero del varón. Wow... su mente imaginó miles de posturas perversas en las que perderse con aquello una bendita noche de pasión y lujuria desenfrenada. Instintos animales que reprimir en la recepción de aquel hotel, de su hotel, o prácticamente suyo. Sus pasos se dirigieron hacia la mesa de recepción cuando fueron los ojos de él los que se clavaron en ella. Se colocó tras la mesa y fulminó con la mirada al recepcionista que, sencillamente, se apartó del ordenador asustado - Puedes irte, yo le atiendo - dijo ella en un tono amenazante y seco, ni un sólo sonido, réplica, él se marchó y ella se inclinó frente al ordenador dirigiendo miradas insistentes al rubio que, esperaba ¿Qué esperaba? - Espero que su estancia haya sido agradable. - dijo más tarde cuando pudo apoyarse frente a él, era una gran mesa de madera lo que los separaba, era la barrera.
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Dante
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Vie Ene 28, 2011 6:49 am

Ignoramos al que nos quiere, queremos al que nos ignora, amamos al que nos hiere y herimos a quien nos ama. Nunca fallaba, y esa ocasión no iba a ser la excepción. Como bien le enseñó su tío Neil, si quieres que una mujer se fije en ti, sonríele hasta que te devuelva la sonrisa y luego desaparece de su vida. Siempre te seguirán como un cachorro abandonado en busca de amor. Se rió para sus adentros, apoyado en la mesa de recepción. Se entretuvo observando ese par de largas piernas, descubiertas hasta la rodilla, acercarse en todo su esplendor. Evidentemente, y más tratándose de un hombre observador como era, reparó en las miradas prendidas de lujuria que algunos le dedicaban a la rubia. Torció el gesto, enderezándose más y más hasta que su distancia de separación se redujo a una simple barra de atención al público. Parpadeó, sereno y elegante, admirando el miedo que esa mujer inspiraba en los demás empleados. Sorprendente, se dijo a sí mismo, tratando de averiguar qué rango podría desarrollaren el hotel. No iba vestida de empleada, pero se refugiaba tras la barra, por lo que trabajaba ahí. No nos engañemos, le divertía creerse Sherlock Holmes investigando a algún malhechor, desde niño. Dedujo que tendría un rango alto. Mejor, te gustan poderosas y con carácter, Dante, se dijo. Ella interrumpió sus meditaciones cuando le deseó haber tenido buena estancia. Él se limitó a asentir, sentenciando.

- Sí, agradable. - Repitió el adjetivo con el que la mujer se había referido a su noche ajetreada en la habitación 812. Ladeó la mirada hacia los ascensores como si temiera que la mujer a la que acababa de sacar de su vida, del mismo modo que 24 horas antes había entrado, apareciera enredada en sábanas para reclamarle un amor falsamente prometido. Sacudió la cabeza y volvió a posar su celeste mirada en la de la seductora mujer. No estaba pero que nada mal. - Aprovecho para comunicarle que mi acompañante sigue en cama, los negocios la han agotado, pero yo asumiré el coste total de la habitación. - Comentó dejando que su varonil voz escapara de entre sus finos labios para acariciar el rostro de ella. - ¿Tienen hojas de recl...? - Empezó a preguntar, pero se interrumpió al verlas apilonadas en un montoncito al lado de una pluma atada con una cadenita. ¿De verdad alguien iba a robar una pluma de un hotel? Qué triste. Rodó los ojos y agarró uno de los papeles con el sello de la cadena de hoteles y exhaló el aliento sobre la punta de la pluma. Posteriormente, y sin más preámbulos, escribió algo que lo tuvo concentrado el tiempo suficiente para que la mujer cogiera su targeta y cargara en ella la cuenta. Dejó la pluma en su sitio y apoyó las yemas de los cinco dedos sobre el papel para voltearlo y arrastrarlo hasta la zona de la barra más cercana a ella, dejando que lo leyera. Con letra de ejecutivo podía leerse claramente:

Citación :
Hoy, día 28 de Enero, me he encontrado en la comprometida situación de coincidir con una de las encargadas del edificio en uno de los ascensores. Su perfume, con ligero aroma a fruta de la pasión, ha inutilizado mi lado racional. Aconsejo, bajo advertimiento de dejar caer el peso de la ley sobre el emblemático hotel, que no se contraten mujeres tan hermosas. O que, de hacerlo, todas ellas lleven anotado en una targeta de identificación su nombre, estado civil y teléfono. Firmado; Dante.




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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Vie Ene 28, 2011 7:45 am

Le había seguido, y no ella misma sabía cuan fatal era aquella decisión que había tomado sin pensar guiada por su aroma y su belleza americana. Un error que ya no podría reparar. Niké no era consciente aún del peligro que podía correr su dura faceta, su frivolidad y la mismísima victoria con aquel hombre en su vida que sin darse cuenta le había abierto, a su misma merced. Volvió al ordenador unos segundos y más tarde sus ojos volvieron a clavarse en el atractivo rostro del varón que lucía aquella adictiva sonrisa a la que parecía que le darías todo, cualquier cosa. Ojos que prometían el cielo y más tarde la bajada al infierno y manos que la habían recorrido alguna vez, tan lejana y remota que ni siquiera era capaz de recordar, o no quería recordar. - Me alegro entonces. - dijo con una sonrisa en el rostro al mirarle, sonrisa que carecía de dulzura y que era más cordial que cualquier otra cosa desechando la perversión que cada uno de sus poros destilaban. Sus dedos tamborilearon sobre la mesa cuando pudo volver a prestarle atención - Setenta, por favor - dijo refiriéndose al precio de la noche para volver a sentir su voz rozarla, activarla por completo y como un imán poderoso acercarla de una manera completamente inconsciente.

Los negocios, se repitió en su cabeza de forma burlona mientras se apoyaba ya por completo en la fría y dura madera escuchándole con atención, o por lo menos algo parecido. Rodó los ojos todavía divertida imaginándose que tipo de negocios, eran tan evidentes que carecía de sentido incluso imaginar. Sus ojos se clavaron entonces sin darse cuenta en las manos del hombre que habían alcanzado una de las hojas de reclamaciones. Las manos que en cualquier momento podrían provocar el delirio de una mujer se aferraron a la pluma para escribir sobre el papel de forma elegante. Los ojos de Niké ni siquiera intentaron separarse del movimiento de la mano que ejercía el hombre mientras escribía. Le sorprendía, esa era la verdad, aún así espero, expectante, casi sin darse cuenta de ese pequeño detalle. La mano del hombre dejó aquella hoja completamente a la merced de ella y mientras leía se atrevía a morderse el labio inferior y sonreír de lado para alzar la vista hacia él cuando hubo acabado. - Lo tendremos en cuenta, entonces, Dante. - dijo ella mientras doblaba la hoja y la colocaba dentro de una pequeña caja de cristal por la obertura superior.
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Vie Ene 28, 2011 4:00 pm

Dante prosiguió contemplando ese par de luceros azules que la mujer tenía por ojos. Esos orbes azulados bailaban sobre su caligrafía, como una vagoneta de una montaña rusa por todas las s que componían la misma. Su sonrisa permaneció perenne en su rostro incluso cuando ella dejó de leer para puntualizar, de modo profesional, que su propuesta sería tenida en cuenta. Confesó con la mirada que le sorprendía que hubiera echado la reclamación en el buzón, cuando esperaba poco más que una sonrisa cómplice y tres respuestas que vendrían seguidas de alguna frase para ligar. Pero era obvio que por una vez, había errado. Frunció el ceño y parpadeó contemplando de nuevo los ascensores en los que se había visto con ella. Realmente le sonaba el modo en que la rubia lo atrapaba en su mirada y lo devoraba cada vez que se mordía el labio inferior. Se aclaró la garganta y soltó una pequeña risotada varonil mientras se aflojaba ligeramente el nudo de una corbata que empezaba a ahogarlo. - Tiene ahí la tarjeta. - Susurró, señalándola sobre la madera.

Le resultó gracioso que la mujer pareciera encandilarse con su presencia y su reclamación hasta el punto de no ver la targeta ya previamente posada en la barra que separaba sus cuerpos. Cuerpos que, por cierto, pedían a gritos ser enredados entre sábanas. Carraspeó de nuevo, contemplando el vaivén de los clientes del hotel. - Es buena época, ¿eh? Mucha clientela. - Comentó para llenar un vacío de diálogo que no quería ser invadido por otro incómodo silencio. Asintió para sí mismo y tamborileó sus fuertes dedos en la madera. Sus manos estaban perfectamente cuidadas, con las uñas bien cortadas. Sólo lo traicionaba la ligera sequedad de las yemas de sus dedos, que delataban que, o bien leía mucho, o bien trataba con mucho papeleo. Entrecerró los ojos, analizando las manos con las que ella jugueteaba ahora con su targeta ahora con el ordenador. Un flash acudió a su mente al ver la marca inborrable que dejaba una alianza en un dedo femenino. Su sonrisa se ensanchó. No podía ser. De nuevo, con ella, en un hotel. Su nombre no le venía a la cabeza, pero sin duda se trataba de aquella mujer del mundo de la política. La que se cruzó en una conferencia. La que acabó en su habitación. Soltó una ráfaga de aire por la nariz al aguantarse una carcajada.



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Última edición por Dante el Vie Feb 04, 2011 5:32 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Vie Ene 28, 2011 4:34 pm

Ni se había dado cuenta de aquella tarjeta sobre la mesa ¿Porqué? Eres idiota, se repitió en su cabeza ¿Desde cuando un jodido tío te encandila así, Virginia?, se recriminó dejando que su verdadero nombre tintineara en su cabeza unos segundos antes de volverse a desvanecer. Dejó escapar un bufido frustrado y alargó sus dedos hacia la helada tarjeta para maniobrar con esta y pagar la habitación. Sus ojos querían concentrarse en la pantalla pero era realmente difícil luchar contra el impulso de volver la vista y mirarle de nuevo, no, no cedas, Niké. Seguía entonces con la estúpida sensación de haberle visto antes, tan estúpida como la forma de mirarle que tenía cuando no se concentraba en ser una mujer dura, era una mujer dura. Volvió entonces a colocar la tarjeta sobre la barrera que separaba ambos cuerpos y le dedicó otra de sus sonrisas que seguía estando lejos de denotar algo de dulzura. - Listo. - dijo ella tras mirarle de nuevo y apoyarse en la mesa. Volvían sus ojos a clavarse en él ¿De qué le conocía? Nunca olvidaba caras, mentira, lo hacía demasiado a menudo. Oh, sí, sí que le conocía. ¡Maldita sea! Gina, eres tonta... se quejó no sin antes dejar que en su rostro se dibujase una sonrisa traviesa. ¿Qué no soportaba de todo aquello? Que él, el que Dante se hacía llamar, ya la había vencido una vez y la segunda estaba por llegar, cuídate, Niké, peligro, alarma roja.

Rodeó la mesa cuando le oyó hablar de nuevo, cuando su voz se clavó en sus oídos como estacas en el corazón de un vampiro. Se apoyó justo a su lado, mirándole de frente con la cabeza ligeramente ladeada y una falsa sonrisa bien ensayada. Vaya, vaya... el abogado americano. - Niké. - dijo entonces, haciendo caso omiso a su comentario que a la mujer de ojos claros sólo le había parecido una estupidez, un comentario más que absurdo. Su mente vagó por algún hotel remoto, en esa vida que ahora llamaban real, en busca de los gemidos y el placer de una noche en la que iba lo bastante cuerda para recordar. La había encandilado, como una más, se la había llevado a la cama, como a una más y a ella le molestaba infinitamente pero, allí seguía, parada frente a él y sin hacer amago de resistirse a sus venenosos encantos. - Ha debido de pasarlo bien tu compañera, hacer "negocios" contigo siempre es agradable. - comentó entonces con una sonrisa traviesa en los labios que se pintaba de un ayer ya no sabía cuan lejano. Jugueteó con las puntas de su cabello con aquella mano que la había delatado, la que dejaba evidencia de una boda frustrada, de un camino de espinas y de un hombre incapaz de amar, de amarla a ella, es cierto, nadie la puede amar.
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Sáb Ene 29, 2011 11:04 am

Los ojos de la mujer centellearon de un momento a otro tras devolverle la tarjeta. Dante la atrapó en su mirada, dejándola cautiva en el azul eléctrico de sus irises. Afiló la mirada, dejando caer pesadamente los párpados hasta media altura. Lo acababa de reconocer. Dos desconocidos, un par de palabras cruzadas, unas sonrisas cómplices, una botella de champagne y una noche en la que ambos pelearon a muerte por dominar al otro, sobre un lecho nupcial. La mejor suit del hotel en aquél tierno entonces. Sin poder evitarlo, su sonrisa se ensanchó en cuanto ella pareció tener el mismo flashback. Ella se ladeó para poder bordear la mesa y así aparecer al otro lado de la barrera, como un cliente más. Bien podrían haber pasado por marido y mujer esperando a ser atendidos por un recepcionista. Se entretuvo jugueteando con la tarjeta antes de sacar de nuevo la cartera del bolsillo trasero de su pantalón y enfundarla como si se tratara de una valiosa arma de fuego. Sí, sí, como los viejos pistoleros del oeste. Ella se presentó, o eso quiso creer Dante cuando ella pronunció esa palabra. La mitología nunca había sido su fuerte, pero logró comprender el significado que podía ocultar. - Es un placer, de nuevo. - Respondió sin molestarse a tenderle la mano o robarle un solo beso. Aquél lugar estaba lleno de empleados, y eso podía ser malo para Niké. Sonrió.

Ella de nuevo apoyada a su lado, del mismo modo sugerente que antaño. Cerró los ojos para concentrarse y puso una pequeña mueca antes de abrir de nuevo los ojos, con energías renovadas, y enfrentarse a lo que bien podía ser considerado un toque de gracia del destino. Las palabras de ella lo crecieron de un modo automático. Ladeó la cabeza y le guiñó sutilmente un ojo, en un coqueteo más que descarado, para restarle importancia a los méritos hechos. - No sé hasta qué punto lo pasará bien cuando se despierte y se dé cuenta de que no me hallo a su lado, en la cama, abrazándola en posición de cucharilla. - Dijo con una sonrisa que no dejaba lugar a la culpabilidad. Capullo, capullo pero feliz. Se separó de la mesa de madera, erguiéndose de modo varonil, con ambas manos ya en los bolsillos y el nudo de la corbata perfectamente hecho. Llevaba una fina barba de un par de días, arreglada, eso sí. - Pregunta tonta ¿coqueteas con todos tus clientes o es que el destino siente debilidad por nuestro vaivén? - Preguntó en un susurro más que sugerente que, por suerte, nadie más alcanzó a oír. Mentira. Alguien lo oyó y contempló la pareja con recelo. Recelo que ocultaba envidia, por supuesto. O eso quería creer Dante. ¿Quién no le tendría envidia? Guapo, elegante, rico, inteligente y bueno en la cama. Un hijo predilecto del Señor, claro estaba.


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Niké
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MensajeTema: Re: Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}   Dom Ene 30, 2011 5:54 pm

La sonrisa divertida y tentadora de la rubia no se desvaneció ni un instante. Ella le miraba divertida, entretenida y en cierto modo embrujada por aquella sonrisa, como todas, porque Niké era una más. Era algo que siempre había tenido claro, y es que por muy cruel o despiadada que fuese no llamaba la atención hasta tal punto de llegar a ser importante en la vida de alguien, incluso su marido le pidió el divorcio ¿Esperaba algo más de ella misma? Nunca. Vivía bien su vida para ella sola, sin hombres que le pidiesen la colada y una cerveza mientras veían un estúpido partido. Ella era una mujer independiente, siempre lo había sido. Sus ojos hacía ya rato que se habían clavado en el atractivo hombre mientras se apoyaba en aquella mesa y uno de los empleados volvía a su puesto de trabajo. Niké le echó un vistazo y más tarde volvió a concentrarse en el de sonrisa seductora. Dante siempre había provocado en ella esa sensación extraña de necesitarle de algún modo, cosa que detestaba pero que por desgracia era imposible de evitar. Su sonrisa, su mismo rostro, su penetrante mirada ¿Qué mujer no había temblado con una mirada suya? Sólo una maldita necia no lo haría, Dante era un Adonis, sin duda. Tan varonil como seductor, encantador y con ese morbo que siempre tiene un mujeriego tan hermoso como aquel.

El guiño no paso desapercibido y echó a su empleado una mirada de advertencia para darse cuenta que ni siquiera los había estado observando. Una sonrisa ladina se pintó en su rostro acercándose un poco. - Con el tiempo se olvidará de las promesas de amor y sólo se acordara de los orgasmos. - susurró a su oído de una forma excesivamente coqueta, Niké, Virginia, nunca se había cortado a la hora de decir las cosas, eso era quizá algo que solía caracterizarla muy a menudo, a veces era demasiado bruta ¿Le importaba? Más bien poco. Dejó que aquella última pregunta tintineara en sus oídos una vez más dándose tiempo para meditarla y separarse de su oído unos segundos. En aquellos instantes empezaba a pensar que estaba sola, sola con él. En realidad el mundo le importaba bien poco. ¿Pensar? Pensar pensamos todos, que piensen lo que quieran. Se relamió los labios y más tarde le miró, sonriendo de lado de nuevo. - Sabes que eso no es asunto tuyo, y que realmente te da igual. - dijo restandole importancia atreviéndose a morderse el labio de nuevo y mirando a su alrededor. - Quizá deberíamos ir a... un lugar más privado... si es que lo deseas y no tiene prisa, claro. Es entretenido rememorar viejos polvos. - comento de nuevo, quizá demasiado afiladas sus palabras, atrevidas y vulgares. Es Virginia, es Niké.
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Promesas incoloras, insaboras pero no indoloras. {Niké}
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