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 Sombras enardecedoras {Safo}

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Dusk
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Nombre real : Tommy D. Cahill
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MensajeTema: Sombras enardecedoras {Safo}   Lun Ene 31, 2011 5:42 am

Un paso, al que se unió otro.
Una respiración, que se complementó con la suya.
Un movimiento simple, pero suficiente como para terminar con la vida del sujeto que se encontraba tras él.
Sus párpados se abrieron de par en par como si sus ojos fuesen a salirse de la órbita, en el instante en que su cuerpo se impulsaba hacia delante por inercia, quedando sentado sobre la húmeda cama. La respiración agitada de Dusk se escapaba de entre sus labios de forma ahogada, mientras que una pequeña gota de sudor frío procedente de su frente engurruñida, se deslizaba por su mejilla del mismo modo en que lo haría una lágrima traicionera. Cayendo sobre la sábana, aquella que sólo cubría sus fornidas piernas, dejando a la vista su torso cubierto por una suave capa de vello. Sensaciones ya vividas. Voces que no conocía, ¿o sí? Imágenes borrosas cuyo significado carecía de fundamentos ranzonables. Cerró los ojos y supiró hondamente para empaparse de sosiego. Volvió a dejar caer su cuerpo exhausto hacia atrás, tendiéndose de nuevo en la cama para que su respiración se estabilizara. El agua cayendo sobre su varonil rostro y el resto de su cuerpo, aquella mañana, no le había ayudado a relajarse como le era frecuente para empezar el día con buen pie. Es por ello por lo que, simplemente, decidió tomarse esa mañana libre de cualquier cometido.
- ¿Quién eres?
- Tú me conoces, Tommy.
- ¿De qué estás hablando?
- ...
La sombra de la mujer giró sobre sus talones y se desvaneció con el primer paso.
No pudo discernirlo claramente. Pero el hombre juraría haber visto una sonrisa aferrada
en la comisura de los labios de la fémina de rostro ahumado.
Las pupilas de Dusk temblaron. El viento de la ventanilla del furgón se colaba dentro de éste, azotando su rostro pensativo. Tommy. Se repetía internamente una y otra vez hasta el hartazgo. Ese nombre... Resopló mientras clavaba los dedos en el volante como si pretendiera extirparlo con los mismos, pasándose la mano libre sobre su frente durante unos instantes, terminando por dejarla reposar sobre su cabeza. Mantenía la vista centrada en la carretera rumbo a Licath, pero sus pensamientos distaban de reparar en la pista gris alquitrán. A veces maldecía su padecimiento por recordar con detalle todo cuanto le había pasado. Pero, el problema, no se concentraba tan sólo en eso. Lo peor parte era aquella especie de transtorno por rememorar sensaciones que no recordaba, que no existían, producto de su imaginación –en su ignorancia–. Descargó su ira al apoyar el codo sobre la ventanita del vehículo y asomar la cabeza para soltar mil y unas necedades al conductor del automóvil de en frente, debido a la insoportable lentitud con la que había requerido conducir.

Estacionó el furgón rojo amortiguado por los alrededores y, después de subirse el cierre del chaquetón marronoso hasta arriba para, seguidamente, colocarse el arma de calibre veintidós dentro de sus tejanos, –afirmada por el cinturón– emprendió la marcha en dirección a las calles del pacífico pueblo. Era increíble el hecho que, con tan sólo haber visitado el pueblo tres veces, lo recordaba todo a la perfección, hasta el más mínimo detalle. Sus irises azulados se paseaban inquietos de un costado a otro, como si fotografiaran cada suceso por imperceptible que fuese a ojo humano. Izquierda; una casa de piedras desgastadas. Derecha; un banco cerca de la tienda. Un descanso después de una larga caminata. Y así continuamente. Miradas curiosas se posaban en el hombre de aspecto matón y enigmático. Pocas, ya que en esa mañana el pueblo carecía de habitantes. Extraño. Como si una plaga hubiese arrasado todo lo que tuviese por delante.

La calle comenzó a estrecharse, debía de ser la zona más antigua por la forma en la que las casas se alzaban unas contra otras, en una guerra de alturas dispares y verjas de forja retorcida en los balcones como si unas se empujasen a otras hasta acabar en una masa heterogénea de roca, cemento y hierro oscuro. Las sombras de aquel callejón le inquietaron. A pesar de la ausencia de núbes aquella mañana, la claridad en ésa estrecha calle era casi diurna. El eco de sus pasos era el único sonido que profanaba chirriante aquel lóbrego escenario. Y pronto se unió con otro. Su rostro se ensombreció y se detuvo después de caminar aproximadamente seis metros más, con la cabeza levemente ladeada hacia un costado. Podía divisar la presencia de un sujeto al que no podía equiparar, por el momento. Esa persona le estaba siguiendo.
... No lo pensó.
Dusk tomó el arma en un movimiento imperceptible, como si de un duelo del antiguo oeste se tratase.
Giró su cuerpo al mismo tiempo en que su arma era apuntada hacia el individuo.
Las facciones de su rostro se relajaron notoriamente en cuanto se cercioró de quién se trataba. Bajó los brazos, y sus hombros tensados se consolidaron. Una de sus cejas se arqueó a la par que sus labios se torcían en una mueca de fastidio. Entreabrió la boca y dejó escapar un suave suspiro. - Tú. - dijo, simplemente. En un tono de voz monocorde y despreocupado.
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Safo
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Nombre real : Alfhild Gry Cronström Bøe
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MensajeTema: Re: Sombras enardecedoras {Safo}   Lun Ene 31, 2011 2:17 pm

Oscuridad. Una simple mata de negrura llenaba el sueño de Safo, intentó hablar, pero dicho esfuerzo fue lastimero, ni siquiera pudo producir un leve graznido, nada en absoluto. Una figura comenzó a tomar forma. Se acercó a ella, sus pasos retumbaban produciendo un eco que de alguna forma era familiar, pero, ¿por qué? Se detuvo a unos pasos de esa gallarda presencia, no era la de una chica, era de un macho, un masculino. Volvió a intentar hablar, pero nada salió; subió una mano a su garganta como reflejo de ello, como si se estuviese asfixiando. La persona volteó y ella sintió miedo, no sabía porqué, pero su corazón se disparó a mil por hora, sudor frío caía de su frente. No podía distinguir quién era, pero esa sonrisa le dijo todo. No era una sonrisa macabra, sino una sincera y eso le hizo aterrorizarse aún más. ¿Quién eres? Se preguntó a sí misma, a sabiendas que esa persona no podría escuchar sus pensamientos. ¿Por qué me atormentas? Era difícil asustar a Safo, pero la simple aura de esa entidad producía algo en ella que no entendía.
–Te amo, Alf–
Se sintió caer a un abismo del que jamás podría salir. Y sus ojos se abrieron de par en par. Miró alrededor, afirmando el lugar en el que se encontraba. Era su habitación dentro de la base Rod. Una mano temblorosa subió a su pecho, le dolía como nunca lo había hecho. ¿Qué le había hecho ese hombre en su sueño? Nada. Esas palabras fueron las causantes de su sufrimiento. La misma mano que intentó apagar ese punzante dolor en su pecho subió hacia sus ojos, estaban húmedos, pero no había llorado, había estado a punto. Safo no lloraba, con nada, pero una simple confesión. El sonido de la alarma para iniciar el día le hizo salir de sus pensamientos. No podía darse el lujo de quedarse pensando en aquello que le hacía sentir de esa manera. Se sentó en su colchón sin resortes y pasó el reverso de su mano por sus ojos, limpiando los rastros de llanto mal logrado. Apretó sus manos contra sus flacuchas rodillas, ordenándoles que dejaran de temblar. Una segunda alarma le hizo alzar la vista. Suspiró y apoyó los pies en el suelo para luego apoyar ambas manos en el colchón inestable y ayudarse a levantarse. Caminó hacia su destartalado armario y tomó lo primero que encontró. Una playera sin mangas y unos vaqueros cualquiera. Se deshizo de su improvisada pijama y se vistió rápidamente. Antes de salir se miró de reojo en el espejo roto que yacía sobre varias maletas que servían de mesa. Se veía cansada, pero no le interesó, jamás había sido una chica que cuidase de su apariencia física.

Se detuvo en su puerta la cual no tenía escaleras para bajar ni para que alguien le molestase en su privacidad y observó alrededor, las casas llenas de luz e hizo una mueca de asco. Dio un salto hacia el vacío para después elevarse en el aire con la forma de un majestuoso halcón. Ese día no le importaba si Nikkolai tenía alguna misión, podían arreglársela sin ella. De hecho él podría hacerlo todo solo, seguramente. Volaba sobre el pequeño pueblo Licath el cual se encontraba carente de personas y hubiera seguido su camino en busca de problemas, probablemente, cuando una figura le llamó la atención. Hubiera sonreído de haber podido hacerlo, pero su forma le impedía hacerlo. Se deshizo de su transformación en un tejado; primero las piernas que golpearon el techo y luego sus manos que poco a poco cambiaron de tener plumas a vello casi invisible. Le siguió con cuidado de que no le viera, aunque seguramente lo haría, siempre lo hacía, pero le resultaba interesante el intentar por lo menos no ser notada una vez. Había tenido suerte de encontrarle, tal vez y su humor mejoraría al estar con él, le agradaba su compañía. Cuando supo que era tiempo de hacer la emboscada pisó una pequeña caja que había junto al lugar que se encontraba.

¿Cabe mencionar la estupidez de Safo? No, seguramente no, es algo obvio. No pensó que tal vez la caja estaría vacía y que debía probarla antes de pisar enteramente, sino que hizo lo segundo y su pie se hundió enteramente en la misma, haciéndole tropezar y estirar el otro pie para intentar pisar otro lugar, más seguro. Claro, éste lugar seguro fue una cuerda donde la gente suele colgar su ropa para secarla y, estando en forma humana le hubiese sido imposible caminar sobre él libremente. Así que su peso pudo con el pequeño listón y un lado se rompió, enrollándose en su pie y dejándola suspendida boca abajo justo en el centro del camino. Su pequeña camisa se alzó por sobre su cabeza, pero ella la estiró por sobre su ombligo, con las mejillas levemente sonrosadas. El pudor era algo que le faltaba, pero por alguna razón sus manos se movieron al instante, le apenaba que ese hombre fuese a ver algo más. Sonrió enseñando los dientes, una sonrisa avergonzada, su jugarreta le había salido mal y ahora no había sido ese hombre el que la había volteado, sino que ella misma la echó a perder. – Hey – dijo ella y se aclaró la garganta, – ¿me ayudarías a bajar? – preguntó y su rostro cambió a uno de súplica, como un cachorro abandonado a su suerte... un cachorro demasiado estúpido.
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Dusk
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Nombre real : Tommy D. Cahill
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MensajeTema: Re: Sombras enardecedoras {Safo}   Miér Feb 02, 2011 2:49 pm

Safo. Ese nombre que conseguía hacerle bufar de exasperación. Ese nombre que le gustaría no tener que pronunciar. Ese nombre que, poco a poco, –y muy a su pesar– se iba haciendo un hueco dentro de su persona. En sus ya revueltos pensamientos. Era una chica distinta a las demás. Eso lo tenía tan claro como un cielo despejado. Lo sabía desde el primer momento en que sus pálidas e inquietas manos intentaron hurtarle sus pertenecias. Y, por mucho que intentara ignorar su modo infantil e incomprensible de comportarse, por mucho que ahora se decidiera dar media vuelta y dejarla pendiendo de un hilo, –y núnca mejor dicho– la buscaría. Volvería a por ella. Sí, era un tipo duro y orgulloso. Pero seguía siendo un hombre. Esa persona que se conmovía con las palabras y hechos de otros, aquella que gustaba de la compañía de los demás aunque éstas no presentaran las características para agradarle. Fue por ello y, para ahorrarse las explicaciones del porqué volvía a por ella después de marcharse indiferente, que decidió actuar como toda persona normal haría. Pues, ¿quién dijo que Dusk era mala persona? Guardó su pequeño revólver en la parte trasera de sus tejanos desgastados color azul grisáceos y, sin borrar la perpetua expresión impasible de su rostro, se encaminó hacia su ubicación con su obtuso y tan peculiar caminar.

Una vez frente a la muchacha, pudo observar en qué estado de "gravedad" se encontraba la situación. Torció el gesto y frunció los labios, arqueando levemente una ceja y componiendo una mueca que dejaba entrever su confusión. Sí, podría decírsele que esa era la forma de Dusk para expresar cuán graciosa se encontraba tendida boca abajo, levemente sonrojada, en el vano intento por subirse la camiseta que por inercia volvería a deslizarse en la posición adoptada. Negó con la cabeza para sí mismo y rodó los ojos, alzando el rostro hacia el cielo durante unos instantes, clamando la paciencia que necesitaría a partir de ahora. No pudo reprimir una pequeña sonrisa que curvó sus labios levemente, al volver a enfocar sus ojos achocolatados en la muchacha. Su cuerpo se inclinó ligeramente para que su rostro quedara a la altura del de la chica. Muy cerca. Observándola con seriedad. - Hola. - le respondió simple y llanamente. A su petición por ayudarla a bajar, simplemente se encogió de hombros con desinterés. Dejando conjeturar la cabida del posible "Quizás...". - Hum. - apretó los labios pensativo y ladeó sus ojos de un lado a otro. Regresó su mirada en la suya. - Depende. ¿Cuánto me pagarás por ello? - le preguntó, con total normalidad. Terminó por estallar en una carcajada que rompió con el silencio momentáneo. - No te muevas. Podrías hacerte daño... Y lo que es peor aún. Podrías hacérmelo a mí. - sus labios tuvieron el impulso por dedicarle una sonrisa, mas ésta no apareció. Tan sólo un ademán, el cual quedó irrumpido al volverse a incorporar, ubicando sus toscas manos tras la espalda de la muchacha para alzarla hacia arriba.

- Coloca tu brazo alrededor de mi hombro. - le explicó, para facilitar el trabajo y que, al desenredar su pie, no hubiese caída alguna. Una vez que esperó a que la muchacha hiciese aquello que le había pedido, alargó sus brazos –uno de ellos más incapacitado por corroborar debido a que Safo se sujetaba– y, con cierto empeño, logró deshacerse de aquel nudo que le había jugado una mala pasada a la joven. Por acto reflejo, flexionó el cuerpo hacia abajo para coger al vuelo las piernas de la muchacha, y colocar sus manos justo detrás de la articulación de las rodillas de ésta. Terminó por acercarla a él, cargándola entre sus brazos como la típica escena del esposo cargando a la novia justo antes de entrar a la suite matrimonial. - Salvada, dama en apuros. - le insinuó con cierta ironía y la observó fijamente, durante unos instantes, a los ojos. Apartó la mirada cuando creyó conveniente el tener que bajarla, con lentitud. Como si estuviese herida o algo por el estilo... Frunció el ceño una vez que ella pudo aguantarse de pie por sí sola, y se pasó la mano por detrás de la cabeza, cubierta por su gorro de relieves. Se estaba volviendo un completo gilipollas.
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MensajeTema: Re: Sombras enardecedoras {Safo}   Miér Feb 02, 2011 4:05 pm

Parpadeó un par de veces cuando él preguntó cuánto podía pagar. Iba a contestar, pero él se rió y ella se quedó igual de confundida, ¿había sido una broma? Sus mejillas se encendieron más al sentirse un tanto estúpida en aquella situación. Safo dudó unos segundos a hacer lo que él le ordenó, pero lo hizo al verlo estirarse y colocar la mano en su espalda. Le observó con detenimiento y estiró la mano como reflejo, tal vez para tocarle, quién sabe, pero se detuvo cuando sintió sus piernas bajar y caer sobre sus brazos. Encogió los brazos algo sorprendida, sin saber qué era lo que iba a hacer hacía unos instantes. Le miró cuando quedó cerca, sintiendo algo extraño en la boca de su estómago y tuvo que desviar la mirada. Tocó el suelo y dio dos pasos hacia delante y se giró sobre sus talones. – Gracias – dijo con una pequeña sonrisa y pasó una mano por su nuca. – Siempre termino haciendo el ridículo – frunció el ceño levemente y se acercó de nuevo a él. – ¿Qué hacías? Te veías sospechoso – dijo y miró hacia ambos lados, – ¿alguien a quien matar? – preguntó bajando la voz.

Se quedó mirando por encima del hombro de él, pensativa. Tal vez estaba siendo demasiado obvia, pero esa era ella pensando cómo sería subir a la espalda de un hombre tan alto. Ella no era tan pequeña, pero siempre se había preguntado cómo sería andar en la espalda de alguien un tanto más alto. Miró su pie y se rascó la nariz un par de veces, pensativa. Sí, definitivamente Safo era demasiado obvia en cuanto a sus intenciones se trataba, tal vez era por eso que aquél hombre podía voltearle rápidamente la jugarreta. Vuelve a mirarle y sonríe enseñando los dientes, sólo como ella podía, una sonrisa pícara y algo divertida. – ¿Puedo subirme a tu espalda? – preguntó señalando el lugar antes dicho, – creo que me lastimé mi pie – añadió rápidamente antes de que él pudiese decir algo más. Intentó usar algo en su favor, pero estaba siendo demasiado obvia. – No peso, lo juro – casi rogó. Cuando ella quería algo lo obtenía, pero no por disimular bien, claro, sino por lo molesta que podía llegar a ser. Sonrió de nuevo, ahora a forma de súplica. A ella no le importaba denigrarse hasta cierto punto para obtener lo que deseaba. Se mantuvo mirándole intensamente aunque por ello su corazón comenzara a aumentar su pulso; le atribuyó aquello a las ganas que tenía de colocarse como un mono sobre la espalda de aquél hombre.
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Dusk
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MensajeTema: Re: Sombras enardecedoras {Safo}   Jue Feb 03, 2011 9:26 am

Los ojos azules oscuros de Dusk, como un mar en plena tormenta, seguían escrutando el suelo roqueño. Como si consiguiera hallar algo interesante en el pavimento pedregoso. Los pulmones del hombre se llenaron de aire que fue soltado lentamente por sus fosas nasales, en un suave suspiro. Alzó la cabeza y, por ende, la mirada, en cuanto Safo le agradeció el detalle de haberla ayudado, a lo que Dusk le correspondió con un simple encogimiento de hombros. Una de sus manos fue llevada hacia su rostro, rascándose con la yema de los dedos la mejilla y el puente de la nariz distraídamente. - Completamente. No sé como te las ingenias, pero siempre terminas haciéndolo. - le respondió con brusquedad. Directo y tajante. Las facciones de Dusk se ensombrecieron en cuanto escuchó aquellas palabras de la muchacha escapándose de sus labios como si aquello fuese un tema normal y corriente con el que tratar. Las manos del hombre se colocaron a cada costado de su cuerpo en un fuerte puño cerrado.

¿Le trataba de asesino? ¡Qué cojones sabía ella! La mirada de Dusk se clavó como alfileres cortantes en la de Safo. - No. - contestó tajante, entre dientes. - ¿Me tomas por un maldito asesino? - le cuestionó sin cambiar la expresión severa de su rostro. Bien es cierto que su trabajo de legal y humilde tenía tan poco como que un ladrón mereciera una paga mensual, pero si de algo distaba, era de considerarse un asqueroso asesino. - Y si fueses tú mi víctima, ¿qué? - volvió a interrogarla, y entrecerró los ojos con suspicacia, con aquel brillo de malicia. Sus labios se curvaron en una sarcástica sonrisa que desapareció tan rápido como se manifestó. - Niñata tontorrona... - lo era. No sabía lo que sus palabras profesaban. El hombre dio tan sólo un paso para quedar practicamente pegados, e inclinó la cabeza por la notoria diferencia de altura, esperando al menos una disculpa procedente de la mocosa. Es más, en cuanto Dusk creyó que estaba recapacitando lo que había dicho, aunque fuese tan sólo mínimamente, cayó en un error.

¿Acaso debería de sorprenderle? Aquellos gestos eran sospechosos, podían maquinar algo ridículo o tan peligroso como un fuego con el que puedes quemarte. No. Dusk es vencido por Safo. Punto. No pudo disimular su asombro cuando la joven le asaltó con aquello. Totalmente confundido, arrugó el puente de la nariz, asombrado e incrédulo. - ¿Cómo? - sí, lo había escuchado perfectamente, pero era inevitable. Era mentira. Ella no se había lastimado. Y no tan sólo porque fingir no era la especialidad de Safo, sino porque Dusk podía recordarlo todo al detalle y, en ningún momento, había recibido daño alguno. A todas sus palabras –o más bien súplicas– Dusk se dedicó a negar con la cabeza, con los brazos cruzados alrededor del pecho. - Olvídalo. - cortó de lleno. Le dio la espalda con la intención de irse, después de dedicarle una última mirada de reproche. "Un momento, ¿no pensará que...?" Se preguntó internamente y, sus pies, se aferraron al suelo como si pisaran un campo magnético. Ladeó la cabeza rápidamente para observarla de reojo, adelantándose a que intentara la estupidez de subirse a su espalda. - Y ni se te ocurra...
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MensajeTema: Re: Sombras enardecedoras {Safo}   Jue Feb 03, 2011 10:36 am

¿Qué esperaba Safo? Sabía perfectamente que el hombre le negaría aquello, pero no por mucho tiempo, claro estaba. Le miró frunciendo el ceño y con los labios apretados en una fina línea, algo extraño en ella. ¿Esperaba el tiempo exacto? En realidad no tanto, ella no era tan inteligente como para saber qué era lo que haría aquél hombre. Ella tan sólo pensaba una manera de convencerle, pero su oportunidad de oro llegó antes de lo que pudo planear: él le dio la espalda. Grave error. Si hay algo que se debe saber de Safo es que siempre hay que colocarla al frente porque sino ella hará algo de lo cual arrepentirse, pero no ella, sino los demás. No le importó que él se hubiese negado, es más, ¿desde cuándo le importaba eso a Safo? Ella no tiene miedo de nada ni de nadie ni tampoco cree que el tenerle respeto a alguien significa entender lo que esa persona dice. Safo es tonta y no es una justificación, es un hecho. Tan pronto ese hombre dio un paso ella ya había dado dos para saltar, colocar sus manos en sus hombros e impulsarse. Rodeó su cuello con sus brazos e hizo lo mismo con su tórax y sus piernas. – ¿Ni se me ocurra qué? – todavía tuvo la desfachatez de preguntar aquello. Rió por lo bajo, anotándose un punto en silencio. Tal vez no le había salido tan bien el inicio, pero definitivamente estaba progresando bastante bien. Se aferró bien a él por si intentaba hacerla bajar, no iba a hacerlo, ella era buena para ser constante y si la tiraba volvería a subir, encontraría el modo. – Vamos, ¿qué te cuesta mantenerme así? Sólo un rato. – Sólo quería que se rindiera él para hacer menos molesto el camino.

¿Adónde iremos? – preguntó de una manera tan sencilla que era propia de Safo. – Prometo no molestar e incluso ser de ayuda – se impulsó un poco más hacia arriba del cuerpo del hombre ya que comenzaba a resbalar. Era demasiado el esfuerzo que tenía que hacer para mantenerse de esa forma sin la ayuda de Dusk, pero no había de otra, no iba a desistir, eso jamás. – Aunque si se trata de matar a alguien... seré un estorbo nada más – comenzó a decir e instantes después no pudo reprimir una carcajada, imaginándose el rostro del hombre, como hacía unos instantes. – Era broma, hombre, no te enojes, ¿vale? – colocó sus manos sobre los hombros de Dusk y se impulsó lo suficiente como para quedar sobre su hombro; sus piernas ya se habían quitado de alrededor de él y ahora colgaban por atrás. Posó su mirada en el rostro siempre serio del hombre y frunció los labios y también el puente nasal. Colocó sus manos en los extremos de los labios de Dusk y los estiró intentando un atisbo de sonrisa en ellos, pero sólo logrando una expresión un tanto cómica por parte de él. – Vamos, sonríe, te hará bien – le soltó y suspiró, – mira, si lo haces, te invito un helado, ¿qué tal? – alzó ambas cejas mientras sonreía de manera tentadora, como si estuviese ofreciéndole un gran tesoro.
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